Cuando puede un bebé quedarse solo con su padre
Introducción
Ser madre primeriza es una experiencia maravillosa, pero también llena de inquietudes. ¿A qué edad puede un bebé quedarse con su padre sin la presencia de mamá? Esta pregunta ronda la mente de muchas mujeres, acompañada de miedos y sentimientos de culpa. Es natural sentirse así: dejar a tu bebé al cuidado de otra persona – incluso si es su propio padre – puede generar ansiedad. Sin embargo, permitir que papá se ocupe del bebé por momentos es beneficioso para todos. En este artículo abordaremos, con un enfoque emocional y basado en información confiable, cuándo y cómo dar ese paso, considerando el apego, la lactancia, el sueño y las rutinas del bebé en su primer año de vida, así como situaciones de padres separados. También compartiremos consejos para que las mamás puedan confiar y dar espacio al papá en el cuidado, creando así un vínculo padre-hijo fuerte desde los primeros meses.
Miedos y dudas al dejar al bebé con su papá
Es comprensible que sientas temor y dudas la primera vez que dejas a tu bebé en brazos de su padre sin que tú estés presente. Muchas madres experimentan pensamientos como “nadie lo cuida tan bien como yo”, “¿y si llora inconsolablemente?” o incluso “¿soy mala madre por querer un descanso?”. Después de meses de dedicación absoluta, la idea de separarte de tu pequeño aunque sea por unas horas puede resultar abrumadora.
Lo primero es normalizar ese miedo. Sentir ansiedad al dejar a tu bebé es absolutamente normal y, de hecho, forma parte del instinto de protección materno. Ese miedo surge del amor y la responsabilidad intensa que sientes; tu mente quiere prevenir cualquier peligro posible. Pero debes saber que no eres una mala madre por dejar a tu hijo al cuidado de otras personas. Ni mucho menos. Permitir que tu bebé pase tiempo con su padre (u otro cuidador de confianza) no significa que estés fallando; significa reconocer que no puedes (ni debes) hacerlo todo sola. Todas las mamás necesitan apoyo y un respiro de vez en cuando, y los papás también son perfectamente capaces de cuidar y colmar de cariño a sus bebés.
Además, compartir la crianza con el padre tiene ventajas emocionales: refuerza el vínculo entre padre e hijo y te da a ti un tiempo para recuperar energías. Por supuesto que cuesta al principio. Es posible que sientas culpa al salir por la puerta, incluso si es para algo tan breve como una ducha larga o dar un paseo alrededor de la cuadra. Puede que llames o envíes mensajes cada pocos minutos para comprobar que todo va bien. Todas esas emociones son normales. La clave está en avanzar poco a poco, con confianza y comunicación. Con el tiempo, verás que tu bebé puede estar feliz en brazos de papá, y que tú puedes aprovechar ese rato sabiendo que está en buenas manos.
¿A qué edad puede un bebé quedarse con su padre unas horas?
No existe una regla fija sobre la edad exacta a la que un bebé “ya puede” quedarse al cuidado de su padre por unas horas sin mamá. En gran medida, depende de la situación particular de cada familia, del desarrollo del bebé y de cómo se sientan los padres al respecto. Desde muy recién nacido, un bebé puede quedarse con su papá por un rato breve, siempre que se tomen en cuenta sus necesidades básicas. De hecho, muchos pediatras recomiendan que los papás se involucren en el cuidado desde el primer día de vida. Si el bebé no requiere una alimentación inmediata (por ejemplo, justo después de mamar) y el padre se siente seguro, no hay impedimento para que mamá se ausente una o dos horas incluso en las primeras semanas.
Ahora bien, en la práctica muchas mamás se sienten más cómodas esperando un poco más. Pasadas las primeras semanas (o meses), cuando ya se ha establecido cierta rutina de alimentación y sueño, suele ser más fácil dar ese paso. Por ejemplo, algunas madres esperan a que el bebé tenga unas 6-8 semanas para extraerse leche y dejar un biberón al papá, o simplemente para asegurarse de que el pequeño comienza a alargar un poco más sus tomas. Otras, en cambio, confían al papá el cuidado desde antes porque las circunstancias así lo requieren (por ejemplo, una cita médica de la madre). Ambas opciones son válidas; lo importante es que tú te sientas tranquila y el bebé quede alimentado y atendido.
La alimentación es un factor clave a considerar en función de la edad:
- Si tu bebé toma lactancia materna exclusiva, es posible que debas sincronizar bien las separaciones con sus tomas. Un recién nacido suele comer cada 2-3 horas, así que al principio quizá solo puedas ausentarte por periodos muy cortos a menos que dejes leche extraída. Conforme el bebé crece (hacia los 3-4 meses) y si logras que acepte el biberón con tu leche, papá podrá alimentarlo mientras no estés. Ten en cuenta que algunos bebés se niegan a comer en ausencia de mamá, y prefieren esperar a que regreses para mamar. Si tu pequeño está sano, no pasa nada porque pase unas horas sin comer en ese caso; probablemente dormirá una siesta o se entretendrá con papá hasta que puedas alimentarlo de nuevo, y luego recuperará el tiempo perdido con más ganas de mamar. Eso sí, alista a papá con otras estrategias de consuelo (porteo, pasear, cantar, mecerlo) para tranquilizarlo si se inquieta buscando el pecho.
- Si tu bebé toma biberón (ya sea de fórmula o leche materna extraída), entonces la limitación por comida es menor. Papá puede ofrecerle el biberón sin problema a cualquier edad, siguiendo los horarios o demandas habituales del bebé. En este caso, podrías dejar al bebé al cuidado del padre desde muy temprano por varias horas, siempre y cuando él esté cómodo manejando la alimentación, los gases y demás cuidados.
- A partir de los 6 meses, muchos bebés ya comienzan con alimentación complementaria (papillas, purés o trocitos de comida) y quizás toman menos pecho o biberones durante el día. Esto suele facilitar las cosas, porque el bebé puede saciar el hambre con otros alimentos y líquidos durante tu ausencia. Papá podrá darle su merienda o comida sólida y un poquito de agua, por ejemplo, y no dependerá tanto de la leche de mamá en ese intervalo.
Otro aspecto a evaluar es tu propia tranquilidad. Algunas madres descubren que, por mucho que confíen en el papá, no se sienten preparadas para separarse de su recién nacido sino hasta pasado el posparto inmediato. Las hormonas y el instinto hacen que durante las primeras semanas la madre quiera estar pegada a su bebé todo el tiempo, lo cual es totalmente normal. Si ese es tu caso, no te presiones: espera a sentirte lista. O quizás prefieras que la primera vez que te ausentes esté alguien más acompañando a papá (una abuela, una tía) para tu mayor tranquilidad. Haz lo que te haga sentir más segura.
En general, podemos decir que un bebé de pocos meses puede quedarse un par de horas con su padre siempre y cuando:
- El bebé esté satisfecho (comido) y cómodo antes de que mamá se vaya.
- El padre conoce bien las necesidades del bebé (sabe calmarlo, cambiar pañales, etc.) y sigue su rutina habitual en lo posible.
- Mamá y papá han acordado un plan: por ejemplo, que mamá estará localizable por si surge algo, y que volverá a cierta hora.
- Se empieza con periodos cortos y, según la experiencia vaya siendo positiva, se pueden alargar gradualmente.
Recuerda que cada bebé es único. Algunos se quedan contentos con papá desde el primer momento; otros podrían llorar un rato extrañando a mamá, sobre todo si sienten hambre o sueño. Tu tranquilidad es importante, porque los bebés notan el estrés. Si planificas bien el momento (por ejemplo, te vas justo después de una toma y cuando el bebé está dormido o relajado), aumentarás las probabilidades de que todo salga bien. Y conforme veas que tu pequeño se puede quedar con papá sin problema, ganarás confianza para separaciones un poquito más largas la próxima vez.
Apego, lactancia, sueño y rutina en el primer año
Los primeros doce meses de vida de un bebé están llenos de cambios vertiginosos, y es importante tener en cuenta cómo factores como el apego, la lactancia, el sueño y las rutinas influyen a la hora de dejar al bebé al cuidado del padre.
El apego y la preferencia por mamá o papá:
El apego es el vínculo afectivo profundo que desarrolla el bebé con quienes le cuidan. Durante los primeros meses, es común que la madre sea la figura de apego primaria, especialmente si pasa más tiempo con el bebé y le alimenta con el pecho. Hacia los 8-9 meses de edad, los bebés empiezan a identificar claramente quién es esa figura principal que les brinda seguridad y alimento. Por instinto, buscan estar cerca de esa persona (a menudo, mamá) porque les hace sentir protegidos. Esto explica por qué alrededor de esa edad muchos bebés muestran ansiedad cuando la madre se aleja, aunque sea unos minutos – es la conocida angustia o ansiedad por separación. Se trata de una etapa normal del desarrollo infantil: el bebé llora porque no entiende si mamá va a volver, siente temor a que desaparezcas “para siempre”, ya que aún no comprende el concepto de tiempo ni de permanencia de las personas. De hecho, esa angustia de separación suele hacerse más intensa entre los 10 y 18 meses de edad aproximadamente.
¿Cómo afecta esto al quedarse con papá? Pues puede haber fases en las que tu hijo, si te ve cerca, te prefiera a ti para todo y se muestre reacio a quedarse con su padre u otros familiares. Nuevamente, es algo normal y pasajero. No significa que no quiera al papá; simplemente es parte de su desarrollo. La buena noticia es que, si mamá no está delante, el bebé suele aceptar mucho mejor los cuidados de papá. En otras palabras, cuando la figura preferida no está disponible, el bebé se adapta y busca consuelo en quien esté con él. Por eso, una estrategia útil es que, en esos momentos de “mamitis” intensa, intentes ausentarte un ratito y dejes que papá tome el relevo en tu ausencia. Verás que muchas veces no hay drama cuando tú no estás, y el pequeño se queda tan feliz con su padre. Esto es beneficioso por dos motivos: tú obtienes un respiro necesario y el bebé desarrolla un vínculo cada vez más fuerte con su papá, al aprender que también con él está seguro y atendido.
Para fomentar un apego seguro con ambos padres, es vital la constancia y la sensibilidad. El papá debe involucrarse de forma regular en la crianza, atendiendo las necesidades del bebé (consuelo, juego, alimentación si es posible) de manera cariñosa. Con el tiempo, el bebé entenderá que tanto mamá como papá responden cuando él los necesita, y se sentirá confiado con ambos. Aunque pueda haber preferencia temporal por uno u otro, esto se equilibra si ambos participan.
La lactancia materna:
Si estás dando el pecho, es lógico que en el primer año el bebé tenga una conexión muy intensa contigo a nivel físico y emocional. La lactancia no es solo nutrición, también proporciona consuelo y contacto piel con piel frecuente entre mamá y bebé. Esto puede hacer que, especialmente al inicio, sea más desafiante para el bebé quedarse un rato sin ti. Muchos lactantes se calman al pecho ante cualquier malestar (hambre, sueño, dolor o miedo), de modo que sin mamá pueden mostrarse más inquietos. Ante esto, ¿qué se puede hacer? En primer lugar, si prevés que tendrás que ausentarte, acostumbra al bebé gradualmente a otras formas de alimentarse y calmarse. Puedes extraer tu leche y que el papá practique dándole el biberón ocasionalmente, para que el bebé aprenda a alimentarse de esa forma también. No todos los bebés lo aceptarán a la primera; requiere paciencia. Algunos papás prueban también con vasitos especiales, cucharitas o jeringas para ofrecer la leche materna si el bebé rechaza el biberón.
Otro punto importante es planificar las ausencias según las tomas. Si sabes que tu bebé suele mamar antes de la siesta de la tarde, por ejemplo, quizás convenga que estés para esa toma y te vayas cuando ya esté dormido, dejando previsto que papá lo atenderá al despertar (y probablemente a esa hora el bebé tome una papilla si ya come sólidos, o aguante hasta la siguiente toma de leche contigo). Por la noche, si el bebé se despierta frecuentemente pidiendo el pecho, será más complicado que pernocte sin su mamá durante este periodo de lactancia a demanda. Muchas familias optan por esperar al destete nocturno o a que el bebé mame con menos frecuencia antes de intentar una noche completa con el padre. Sin embargo, cada díada mamá-bebé es distinta: algunos bebés se adaptan a dormirse con papá aunque no esté mamá, siempre y cuando él encuentre otras maneras de reconfortarlo (porteándolo, arrullándolo, etc.). En cualquier caso, la lactancia materna prolongada no impide que el bebé pueda estar unas horas con su padre; simplemente exige organización adicional. Y es importante recordar que la leche materna puede extraerse y ofrecerse en tu ausencia, o que si el bebé tiene edad para ello, puede tomar algún alimento o líquido alternativo en ese lapso. Todo esto garantiza que sus necesidades sigan cubiertas mientras disfruta con papá.
El sueño y las rutinas de descanso:
El tema del sueño infantil suele preocupar a las mamás cuando piensan en dejar al bebé con el papá. Muchas veces, el bebé está habituado a dormirse de cierta forma (por ejemplo, al pecho, en brazos de mamá, o con una rutina específica). Es válido preguntarse: “¿Podrá papá dormirlo si le da sueño y yo no estoy?”. Aquí, la adaptación es clave. Durante el primer año, los patrones de sueño cambian: un recién nacido duerme en intervalos cortos distribuidos en día y noche, un bebé de 6 meses tal vez ya hace siestas más definidas y duerme un período más largo por la noche (aunque con despertares), y uno de casi un año podría ya seguir horarios más previsibles.
Lo ideal es que el padre participe en la rutina de sueño desde temprano. Por ejemplo, que algunas noches sea papá quien baña al bebé, le pone el pijama, lo arrulla y acompaña a dormir. Al principio quizás necesites estar tú también o amamantarlo antes de que papá lo acueste. Pero gradualmente, el bebé asociará también al padre con ese momento de ir a la cama. Si el bebé siempre ha necesitado del pecho para dormir, papá puede buscar estrategias como pasearlo un rato para que se relaje, ponerle música suave, usar un chupete si el bebé lo acepta, etc. Cada familia encuentra sus trucos. Algunos papás duermen al bebé colocándolo sobre su pecho para que escuche los latidos (algo que les recuerda el vientre materno), otros se mecen con él en una mecedora, otros dan un biberón antes de dormir si corresponde. No pasa nada si el método de papá es distinto al de mamá, mientras funcione y el bebé esté seguro. Lo importante es que el bebé vaya confiando en que con papá también se puede dormir tranquilo. Y si la primera vez cuesta y hay lágrimas, no significa que siempre será así; a veces es cuestión de acostumbrarse.
En cuanto a las siestas diurnas, son una buena oportunidad para practicar: papá puede intentar dormir al bebé en sus siestas del fin de semana, por ejemplo, mientras mamá descansa o realiza otra actividad. Así, ambos ganan confianza. Si el bebé sigue una rutina marcada (por ejemplo, si siempre duerme a cierta hora con su osito y una canción), conviene que el padre la respete para darle esa sensación de familiaridad aunque mamá no esté. Mantener los rituales le da seguridad al pequeño.
La rutina y la consistencia:
Los bebés se sienten más seguros cuando su entorno es predecible. Tener rutinas estables de alimentación, sueño y juegos les ayuda a entender qué esperar. Cuando papá se queda al cuidado, es beneficioso que trate de mantener las mismas pautas que sigue mamá en el día a día. Por ejemplo, si el bebé merienda fruta a las 5 p.m. normalmente, sería ideal que con papá también coma a esa hora; si suele bañarse antes de dormir, que papá le dé el bañito a la hora acostumbrada. Esta consistencia le transmite al bebé continuidad, aun cuando uno de sus cuidadores no esté presente en ese momento.
Por supuesto, puede haber pequeñas diferencias: tal vez con papá el juego antes de dormir es distinto, o él tiene su propia forma de prepararle el puré. Eso no es problemático; al contrario, el bebé también aprende flexibilidad. Pero al menos al principio, cuando estás empezando a ausentarte, mantener las rutinas habituales ayudará a que el bebé no se altere demasiado por tu ausencia. Papá y mamá deben comunicarse y acordar ciertas normas o costumbres clave: por ejemplo, respetar la hora de la siesta, no saltarse comidas, no introducir un alimento nuevo sin consultarlo, etc.
En resumen, durante el primer año el bebé necesita apego y estabilidad, pero eso puede proporcionarlo tanto la madre como el padre. Si la lactancia o el fuerte apego con mamá plantean desafíos, se pueden superar gradualmente con paciencia, de modo que el bebé aprenda que con papá también está seguro, alimentado y amado.
Padres separados: ¿cuándo puede el bebé quedarse a dormir con papá?
Cuando los padres no conviven (ya sea por separación, divorcio o porque nunca fueron pareja estable), surge la cuestión de las visitas y estancias del bebé con cada progenitor por separado. ¿A partir de qué edad puede un bebé pasar la noche en casa de su padre sin su madre? Esta situación suele generar ansiedad en la madre custodial, sobre todo si el bebé es muy pequeño. También preocupa al padre, que desea convivir con su hijo pero no quiere perjudicar su bienestar.
Legalmente, en muchos países (incluida España) no existe una edad mínima fijada por ley para que un bebé pernocte con el padre. Los jueces toman decisiones caso por caso, siempre atendiendo al interés superior del menor. En la práctica, sin embargo, es común que durante los primeros meses de vida no se establezcan visitas con pernocta (es decir, que el bebé no se quede a dormir en la casa del padre no custodio). Esto se debe a razones lógicas: un lactante menor de 1 año suele estar muy apegado a su figura principal de cuidado (frecuentemente la madre), puede requerir tomas nocturnas si es amamantado y, en general, necesita atenciones muy constantes que tradicionalmente brinda la madre en ese periodo.
Lo habitual en casos de bebés muy pequeños es acordar un régimen de visitas cortas pero frecuentes para el padre. Por ejemplo, visitas de unas horas varias veces por semana, de manera que el bebé y el papá mantengan el contacto y el pequeño se familiarice con él, pero sin separaciones nocturnas prolongadas de mamá. Estos encuentros pueden ser en la casa del bebé o del padre, o incluso en un lugar neutral, dependiendo de lo que se pacte. El objetivo es que el bebé cree vínculo con su papá sin romper abruptamente su rutina ni su sensación de seguridad. Muchos expertos recomiendan que haya progresividad: empezar con periodos breves en el día e ir ampliando a medida que el niño crece.
¿Cuándo entonces se puede considerar que el bebé esté listo para dormir con papá? En general, alrededor del año de edad algunos bebés ya podrían manejar razonablemente bien una noche sin mamá, siempre y cuando tengan ya confianza con su padre y este pueda atender sus despertares nocturnos. A partir de los 2 años es aún más viable; de hecho, en España suele tomarse esa edad como referencia para introducir pernoctas de forma regular. Entre el primer y el tercer año de vida, la decisión dependerá de varios factores:
- Si el niño ya no depende de tomas nocturnas (por ejemplo, si ha dejado el pecho por la noche o ya no usa biberón de madrugada).
- Si el niño conoce bien al padre y se siente cómodo con él. Esto implica que haya tenido suficientes visitas previas, que el papá se haya involucrado en su rutina, y que el pequeño lo perciba como figura de apego también.
- La estabilidad del entorno del padre. Es importante que cuando el bebé vaya a casa de papá encuentre un espacio seguro, cómodo, quizás su cunita o cama adecuada, y objetos familiares (su peluche favorito, su mantita) para reducir la extrañeza.
- Comunicación entre los padres: aunque estén separados, si mantienen una comunicación cordial sobre las necesidades del niño, será más fácil coordinar las transiciones. Por ejemplo, la madre puede explicar al padre cómo suele ser la rutina de dormir, o qué trucos calman al bebé si llora de noche.
- Cualquier circunstancia especial: por ejemplo, si el bebé tiene algún problema de salud que requiera cuidados nocturnos especiales, quizá se retrase el inicio de las pernoctas hasta que esté más estable. O si ha habido una situación de conflicto severo o violencia (en cuyo caso obviamente se prioriza la seguridad del menor y podría requerirse visitas supervisadas).
En la práctica, muchos acuerdos de custodia con bebés pequeños optan por introducir las noches con papá de forma escalonada. Por ejemplo: después del primer año, probar una noche de fin de semana alterno; si va bien, más adelante pasar a dos noches seguidas en fines de semana alternos, etc. Todo dependerá de cómo reaccione el bebé. Algunos niños sorprenden y duermen plácidamente con papá desde el primer intento; otros quizá se alteran más. Hay que tener paciencia y, sobre todo, centrarse en el bienestar del bebé más que en los deseos o ansiedades de los adultos.
Un punto sensible es la lactancia materna en casos de padres separados. Si el bebé aún mama con frecuencia, puede ser razonable esperar a que esté un poco más mayor o haya reducido las tomas para hacer la primera noche fuera. No obstante, hoy se tiende a valorar también el derecho del padre a participar en la crianza temprana, y se buscan soluciones intermedias (por ejemplo, visitas diarias del padre aunque sean breves, o que la madre se saque leche para que el padre pueda dársela durante la visita). De hecho, ha habido sentencias indicando que la alimentación materna por sí sola no debe ser un impedimento absoluto para que el padre tenga un régimen de visitas amplio. La clave está en lograr un equilibrio entre no interferir con las necesidades del bebé y permitir que ambos progenitores estén presentes en su vida.
En conclusión, en casos de padres separados lo más común es que durante el primer año de vida no haya noches con papá, pero sí visitas frecuentes; y que alrededor de los 2 años (o antes, si las circunstancias lo permiten) se empiece a establecer alguna pernocta. Siempre se valorará lo que mejor se ajuste al menor. Si eres una mamá en esta situación, puede ayudarte conocer experiencias de otras familias o buscar asesoramiento profesional para acordar un plan de visitas progresivo con tu ex-pareja. Y recuerda: aunque al principio te cueste la idea de que tu bebé duerma sin ti, si confías en que el papá es responsable y cuidadoso, tu hijo estará bien. Para el bebé, también es valioso poder pasar tiempo de calidad con su padre y desarrollar esa relación, aunque al inicio extrañe su entorno habitual.
Cómo favorecer la relación padre-bebé desde los primeros meses
El vínculo entre un padre y su bebé no surge de la noche a la mañana; se construye con cada interacción cariñosa, cada cuidado cotidiano y cada momento compartido. Desde los primeros meses, hay muchas maneras de fortalecer la relación padre-bebé, lo cual redundará en que el pequeño se sienta igual de seguro con papá que con mamá. Aquí algunas estrategias y recomendaciones:
- Contacto piel con piel desde el nacimiento: No solo mamá puede disfrutar del piel con piel con el recién nacido; papá también. Colocar al bebé desnudo (con pañal) sobre el pecho desnudo del padre, piel contra piel, es una práctica altamente beneficiosa. En los primeros días de vida, si mamá necesita descansar o no puede hacer el piel con piel, el papá puede hacerlo en su lugar. Este contacto directo ayuda a regular la temperatura y la respiración del bebé, le calma escuchando los latidos de papá, y crea un momento de intimidad que fortalece el vínculo afectivo. Y no se limita al hospital: durante las primeras semanas en casa, papá puede acostarse en la cama o sentarse en un sillón con su bebé sobre el pecho, cubiertos con una manta, mientras mamá se ducha o descansa. Esos ratitos de conexión son oro puro para ambos.
- Participación activa en los cuidados diarios: La mejor forma de que un padre gane confianza y conexión con su hijo es hacer, hacer y hacer. Que se encargue de cambiar pañales, de bañarlo, de vestirlo, de pasearlo en el carrito, de sacarle los gases tras la toma… Al principio, es normal que esté inseguro si es padre primerizo, pero la práctica hace al maestro. La madre puede guiarlo las primeras veces, pero es importante permitir que él desarrolle sus propias habilidades. Quizá ponga el pañal algo chueco al inicio o tarde el doble en el baño, ¡no importa! Lo importante es que papá e hijo estén interactuando. Cuando el bebé percibe que su padre también lo alimenta o lo arrulla, aprenderá a calmarse con él y no solo con mamá.
- Espacios de tiempo a solas papá-bebé: Aunque suene paradójico, para que un bebé se acostumbre de verdad a su papá, a veces mamá debe “hacerse a un lado” un ratito. Si siempre estás presente vigilando, el bebé sabe que puede recurrir a ti en cualquier momento y quizás le cueste entregarse plenamente a los brazos de papá. Por eso, es bueno fomentar momentos exclusivos entre ellos. Por ejemplo, que papá saque al bebé de paseo al parque mientras tú te quedas en casa, o viceversa. Al principio puedes quedarte cerca (en otra habitación) mientras papá lo duerme o juega con él, pero procura no intervenir a menos que sea necesario. Dale confianza a tu pareja para que encuentre su manera de hacer las cosas. Si escuchas que el bebé llora con papá, resiste la tentación de correr de inmediato; deja unos minutos a ver si papá logra calmarlo. Esa oportunidad de resolver el llanto ayuda tanto al padre como al niño: el padre gana autoestima al lograr consolarlo, y el bebé aprende que con papá también está seguro. Muchos expertos señalan que cuando el progenitor preferido (a menudo mamá) no está delante, el bebé se adapta sin mayores problemas al otro cuidador, así que esos espacios a solas son muy positivos para crear lazos fuertes.
- Buscar actividades de conexión que disfruten juntos: Cada díada padre-hijo puede tener sus actividades especiales. Puede ser el momento del juego después del trabajo, donde papá hace reír al bebé con caras chistosas. O el paseo matutino en el portabebés, dando una vuelta a la manzana para que mamá duerma un poquito más. O quizá papá es quien le lee un cuento antes de dormir con voz suave. Identificar esas rutinas especiales ayuda a que el bebé espere con ilusión esos momentos con su papá. Incluso un bebé pequeñito capta cuando papá está presente de forma divertida y amorosa. Por ejemplo, a muchos bebés les encanta la “hora tonta” con papá, en la que él le habla, le hace cosquillas en la pancita o juega a volarlo como avión. Esos minutos diarios van cimentando la complicidad entre ambos.
- Apoyo y respeto mutuo en la crianza: Para que el padre se involucre plenamente, la actitud de la madre es crucial. Evita sobreproteger al bebé cuando está con papá o corregirlo constantemente frente al niño. Si papá está poniendo el pañal un poco torcido, puedes sugerir mejoras más tarde, pero en el momento déjalo que lo intente a su manera (salvo que algo ponga en riesgo al bebé, claro). Valora sus esfuerzos y reconoce lo bien que cuida al pequeño. Cuando el bebé vea que mamá confía en papá, también le transmitirá esa confianza. Por otro lado, papá debe respetar las pautas importantes acordadas (por ejemplo, si decidieron no darle cierta comida todavía, o mantener un horario). Trabajen como equipo. Cuando ambos padres están alineados, el bebé lo siente y se adapta mejor a quedarse con cualquiera de los dos.
En síntesis, desde los primeros meses se puede (y se debe) cultivar la relación padre-bebé mediante presencia, cariño y constancia. Cuanto más fuerte sea ese vínculo, más fácil será para el bebé quedarse felizmente con su papá en cualquier situación, ya sea por unas horas o una noche entera. Y estaremos regalándole la oportunidad de tener dos pilares afectivos en su vida en lugar de solo uno.
Consejos para mamás que empiezan a dar espacio al papá en el cuidado
Dar el paso de dejar al bebé con su padre por primera vez puede generar una montaña rusa emocional en la madre. Aquí recopilamos algunos consejos prácticos y emocionales para ayudarte en ese proceso:
- Empieza poco a poco: No tiene que ser de golpe ni por largas horas. Inicia dejando al bebé con papá en intervalos cortos. Por ejemplo, sal 30 minutos a caminar o a tomar un café cercano. La idea es que tanto tú como el bebé y el papá se adapten gradualmente. Como bien dice el sentido común: si una noche entera te parece demasiado de entrada, comienza con una hora. Irás ganando confianza con cada pequeña salida.
- Elige el momento adecuado: Planifica tus ausencias en momentos estratégicos. Procura que el bebé esté recién alimentado y con sus necesidades cubiertas antes de irte. Si está cansadito, quizás sea buena idea que papá intente dormirlo para la siesta (asi el bebé duerme durante gran parte de tu ausencia). Evita irte justo en una “hora crítica” en la que sabes que suele ponerse irritable. Y si está enfermo o molesto por algún motivo, pospón la “práctica” para otro día en que esté más tranquilo.
- Comunicación clara con papá: Antes de quedarte más tranquila fuera de casa, asegúrate de haber compartido con el padre toda la información necesaria. Explícale la rutina del bebé con detalle: cuándo suele comer, qué cantidad, cómo ayudarlo a eructar, a qué señales prestar atención (si se frota los ojos es que tiene sueño, por ejemplo). Indícale dónde encontrar todo (pañales, ropita de cambio, termómetro, etc.). También compartan los “por si acaso”: qué hacer si llora desconsoladamente (quizá darle un paseo en cochecito), a qué número llamar si surge una emergencia, hasta dónde puede improvisar con cosas como darle algún alimento extra. Esta comunicación previa le dará más seguridad al papá y a ti te permitirá relajarte sabiendo que él está bien informado.
- Confianza y cero interferencias (a menos que sean necesarias): Una vez que sales por la puerta, respira y confía. Si has dejado a tu bebé con su propio padre, recuerda que él lo ama tanto como tú y quiere lo mejor para él. Evita la tentación de llamar cada cinco minutos. Puedes pedir que te envíe una foto o un mensajito para quedarte tranquila, pero trata de no saturar. Tampoco te adelantes a volver corriendo a la mínima. Es importante que papá pueda desarrollar su autonomía en el cuidado. Si constantemente se ve supervisado o dudando de sí mismo porque mamá aparece ante cualquier llanto, le costará más encontrar su confianza. Obviamente, si surge algo serio, él te contactará. Mientras tanto, date permiso para desconectar un poco. Piensa que este tiempo es valioso para ambos: tu bebé está forjando su independencia y su relación con papá, y tú necesitas y mereces un descanso.
- Maneja la culpa y cuida de ti misma: Es normal que, la primera vez que hagas algo por ti misma sin tu bebé, sientas una punzada de culpa. Puede que mientras caminas sola pienses “¿realmente debería estar haciendo esto?” Recuerda: darte un respiro no te hace egoísta ni mala madre. Al contrario, te ayuda a recargar energías para volver con tu bebé más calmada y feliz. Intenta disfrutar ese tiempo: date una ducha larga, lee unas páginas de un libro, haz esa diligencia pendiente sin prisas, o simplemente siéntate a descansar. Si tu mente se llena de preocupación, haz ejercicios de respiración o distráete con música. Poco a poco, verás que puedes relajarte sabiendo que tu hijo está bien cuidado. Una mamá que se cuida a sí misma también cuida mejor a su bebé.
- Sé paciente si algo no sale perfecto: Puede que cuando regreses, el bebé haya llorado un poco o la casa esté patas arriba. Tal vez papá hizo las cosas de forma distinta a como tú lo habrías hecho. No pasa nada. Resiste el impulso de recriminar o alarmarte de inmediato. Pregúntale con calma cómo fue todo. Si el bebé lloró mucho, bríndale apoyo a papá también; seguro hizo lo posible y se puede sentir mal si no logró calmarlo fácilmente. Juntos, analicen qué podría ayudar la próxima vez (¿quizá dejarle tu camiseta con tu olor al bebé? ¿o probar que papá lo lleve a dar una vuelta en auto?). Aplaude lo positivo: “¡Veo que le cambiaste el pañal y está limpito, muy bien!”. Si hubo algún pequeño error (como una manchita de leche seca en su mejilla porque se olvidó limpiarla), tómalo con humor y aprovecha para enseñar. Cuantas más experiencias tengan, mejor lo harán ambos la próxima vez.
- Recuerda el objetivo final: Permitir que tu bebé se quede con su padre no solo te beneficia a ti, sino sobre todo al bebé y al propio papá. Estás fomentando que desarrollen una relación cercana y única. Piensa en las risas que comparten, en lo que tu hijo aprenderá de su papá, en la seguridad extra que sentirá al tener dos figuras a quien acudir. Y piensa en la satisfacción del padre al sentirse plenamente incluido en la crianza. Todo eso sumará a largo plazo en el desarrollo emocional de tu hijo. Por eso, aunque ahora te cueste un poquito soltar el control, estás haciendo algo muy positivo.
En conclusión, dar espacio al papá en el cuidado de tu bebé es un regalo para toda la familia. Como madre, es normal sentir inquietud al principio, pero con pasos graduales y apoyándote en la confianza, verás que tu bebé puede quedarse feliz con su padre. Y tú, mamá, también mereces y necesitas esos momentos de respiro, sabiendo que el amor de papá también lo protege. Al final del día, se trata de criar en equipo: dos manos, dos corazones, unidos por el bien de ese pequeño ser que ambos aman.
Referencias:
- Magüi Moreno – “No puedo dejar a mi hijo con nadie”. Blog de psicología y crianza, 2022. (Reflexiones sobre el miedo de las madres al delegar el cuidado y la importancia de normalizarlo y pedir ayuda).
- Proyecto 4to Trimestre (SaludMadre) – “Confiar en mi pareja para cuidar al bebé”. Nueva mamá – salud mental, 2021. (Consejos para que las madres permitan a su pareja involucrarse en el cuidado del recién nacido).
- Manual Merck de Salud Infantil – “Ansiedad por separación y frente a los extraños”. Revisado Mar 2025. (Explicación del desarrollo de la ansiedad de separación en bebés de 8 a 24 meses y recomendaciones al respecto).
- Álvaro Bilbao – “¿Por qué mi hijo solo quiere estar con mamá?”. Blog del neuropsicólogo Álvaro Bilbao, 2022. (Análisis de las preferencias del niño por un progenitor según la edad y consejos para manejarlo positivamente).
- Abogados Carabanchel – “Régimen de visitas en bebés”. Blog jurídico, 2024. (Información legal y práctica sobre la edad a la que un bebé puede pernoctar con el progenitor no custodio, y criterios de los tribunales españoles).
- LactApp Blog – “Para parejas: cómo preparar la vuelta al trabajo de la madre”. LactApp, 2021. (Guía para padres sobre la adaptación del bebé cuando la mamá vuelve al trabajo; aborda la separación, la lactancia diferida y el manejo del bebé por parte del padre).
- Reproducción Asistida ORG – “¿El padre puede hacer piel con piel con el bebé?”. Artículo de divulgación, 2024. (Describe los beneficios del contacto piel con piel del padre con el recién nacido para fomentar el vínculo afectivo).


